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lunes, 23 de enero de 2012

Por el miedo a equivocarnos.

Éramos distintos imposibles, de un futuro menos claro,
entender bien lo que dices me hace sentirme tan raro.
Empieza todo a hacerse triste, a quedar del otro lado,
tú también lo prometiste, fuimos dos equivocados.

Y ahora este sitio está lleno de noches sin arte,
de abrazos vacíos, de mundos aparte,
de hielo en los ojos, de miedo a encontrarse,
de huecos, de rotos, de ganas de odiarse,
ya lo llevo sintiendo: me quedo sin aire,
el cielo ha caído, se muere, se parte;
solo es un infierno sostenido,
solo es un esfuerzo relativo.

Y solo digo que nunca quise hacerte daño,
pero todo se nos fue,
y auque ahora somos como extraños...
Yo jamás te olvidaré.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Porque es verdad.

Es como gritar, pero sin que nadie te oiga. Te sientes avergonzada de que alguien sea tan importante... de que sin él te sientas como si no fueras nada.
Nadie podrá entender cuánto te duele; te sientes sin esperanza, como si nada pudiera salvarte. Y cuando todo se termina y él ya se ha ido, hasta deseas que todo lo malo regrese, para que al menos también puedas tener lo bueno de vuelta.

viernes, 19 de agosto de 2011

Las emociones


Inesperadamente, una oleada de determinación se abrió paso desde su interior. Estaba decidida, hoy era el día. Llevaba dos años detrás de ese chico, pero él no parecía percatarse siquiera de su existencia. Era un integrante más del grupo del adolescente mas popular del instituto; este iba a cuarto curso, al igual que sus compañeros de pandilla, mas ella solo estaba en segundo. El joven por el que la muchacha bebía los vientos no destacaba entre los demás, pero para ella sí lo hacía: era moreno, tanto de tez como de cabello, y éste le caía con gracia tapándole parte del rostro con mechones aparentemente descuidados. Los ojos, color verde escarcha, poseían esa chispa pícara, propia de niños de menor edad, e irradiaban una fuerza debido a la cual parecían traspasarte cuando se posaban en los tuyos. Su nariz era recta y angulosa, perfecta, al igual que sus labios, que se movían con una gracia casi sobrenatural al hablar.
Tras una efímera vacilación, se encaminó hacia el grupo, rodeado de admiradores, todos de cursos menores que ellos. Entre toda la gente pudo distinguir con dificultad su objetivo y trató de llegar hasta él. De pronto, frenó en seco, y sus ojos se fijaron en la chica que estaba situada al lado del joven. Se reía tonta y descaradamente por algo supuestamente gracioso que este había dicho. Fue suficiente. Dolida, se abrió paso rápidamente con los ojos empapados en lágrimas; no quería que él la viera llorar, no podía darle esa satisfacción.
Lo que no percibió fueron los ojos del muchacho siguiéndola, mirando a la chica sentada a su lado, y volviendo a posar en ella su mirada; una mirada llena de duda y comprensión.